Kundalini

Ong Namo Guru Dev Namo

A finales de Agosto de 2019 regresé a Melbourne, justo después de pasar por uno de los momentos más difíciles de mi vida. Una vez más, volví a establecerme allí con todo lo que conlleva: trabajar, buscar alojamiento, reconectar con mis amig@s, etcétera. También continué dando clases de mindfulness los domingos donde las solía impartir antes de marcharme, así como retomé mis clases de Kundalini Yoga.

Aunque empecé a practicar Kundalini en Marzo de 2019, la primera vez que escuché sobre ello fue poco después de introducirme en esto del mindfulness tres años antes. Estaba en la isla tailandesa de Ko Phangan en aquel entonces, donde conocí a una instructora de dicha práctica que me contó todo sobre ello. Ya en aquel entonces me despertó el interés y la curiosidad por practicarlo, pero efectivamente no es un estilo de yoga común en el mundo occidental, así que aquel interés se desvaneció al poco tiempo.

No obstante, en Marzo de 2019 fui a Ubud, en Bali, conocido como el hogar de los jipis y la espiritualidad desde todas las partes del mundo, especialmente el mundo occidental. Ya había estado meses antes por allí cuando descubrí el Yoga Barn: una villa selvática con multitud de estudios donde se hacían actividades relacionadas con la espiritualidad (fundamentalmente yoga), y que servía como espacio o lugar de encuentro para yogis, jipis, animalistas y veganos. De hecho, tenían un espacio habilitado para mascotas y un restaurante / cafetería vegano.

No obstante, en aquella ocasión sólo visité el Yoga Barn una vez, pero cuando regresé en Marzo comencé a ir todas las mañanas. Y había un clase de Kundalini cada dos días. Desde que regresé a Melbourne en aquel entonces, voy por lo menos una vez a la semana, pues me percaté de que me es incluso más beneficioso que la meditación tradicional.

Básicamente, Kundalini se diferencia de otros estilos de yoga en el énfasis que se le da a la sincronización entre respiración y movimiento. De hecho, la respiración se convierte en el pilar fundamental de esta práctica, en la que los ejercicios oscilan entre respiraciones muy rápidas (respiración de fuego) y contener la respiración lo máximo posible. Debido a la intensidad de los ejercicios, estos se intercalan con meditaciones, descansos y recitales de mantras como el que escribí al comienzo de este artículo.

Al regresar a Melbourne y retomar mi vida allí, me di cuenta de que realmente era muy feliz, y de que estaba corriendo para retirarme y volver a vivir en Cádiz lo antes posible. Lo cual no era mala idea, pero me di cuenta de que estaba corriendo por la salud de mi padre más que por mis propios deseos, y de que esto estaba nublando un poco mi percepción de las cosas buenas que tenía vivir en Melbourne, desviándome del momento presente.

…o quizás que empezara una buena nueva relación en Melbourne tuviera algo que ver también en estas ideas, pero de esto ya hablaré en otra ocasión.

Sat Nam